El agua para consumo humano debe ser potable a tres niveles: físico – químico y bacteriológico: - Físico: el agua debe ser transparente y sin turbidez, sin colores, ni olores. - Químico: debe disponer del contenido justo de sales disueltas y ausencia de productos perjudiciales. - Bacteriológico: se debe controlar la presencia y el crecimiento de determinados microorganismos que pueden afectar a la salud del hombre. La potabilización de agua debe encaminarse, pues, a alcanzar estos tres niveles. Una vez logrados, el agua será apta para consumo. Las aguas naturales podrán ser no potables por uno, dos o tres de los niveles anteriormente expuestos, por lo que su tratamiento de potabilización deberá encaminarse a solventar dichos niveles y a que no se reproduzcan durante el almacenamiento y conducción a los puntos de consumo.